Seguidores

lunes, 6 de enero de 2014

No poder evitar al oír tu nombre, sudar hacia dentro, respirar al revés, andar hacia atrás, hablar en otro idioma, llorar de alegría, reír de tristeza, mirar el suelo y pensar 'Me matas por dentro, y sonrío por fuera, eres como la morfina, chico.' Cuando dicen nuestro número, es un fluír de escalofríos cálidos, de pestañeos lentos, sonidos mudos, palabras silenciosas, tropezar y no caer, elevarme, es como caerme hacia arriba, ver a ciegas, morder con la lengua, besar con la mirada y lamer con los dientes. Cuando paso por ese banco, como que en mi tripa nacen murciélagos, ya no mariposas; que cruzo los semáforos en rojo, ya no me quedo esperando por si apareces tú en la acera de enfrente y me sonríes; sueño despierta, despierto dormida, fumo alegre y bromeo triste. Es todo tu culpa. Me descolocas. Me haces ir al revés, coño.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Olvida(r)te.

Y te plantas a ciertas alturas de la vida y te preguntas qué clase de camino es el que debes seguir. 
Te quedas parada. Pensando. Y mientras tanto, vas consumiéndote. 
Coges un cigarro, lo enciendes, lo fumas, lo apagas.
 Y vuelta a empezar.
 Todo sigue como al principio. El humo no ha hecho que tus problemas se vayan.  Es más: has perdido siete minutos de tu vida. 
Pero ya da igual, porque te van quedando cada vez menos minutos de cordura desde que todos decidieron dejarte vacía al mismo tiempo. 
"Dime ahora que te llena, que te lo traigo, porque cada vez veo que te vas consumiendo mas deprisa y yo no puedo perderte tan rápido" me dijeron una vez.  
Pero eso no importa,  por que estás perdida, y rota. Más rota que perdida incluso. Y eso es peor que no encontrarse, porque si no sabes donde estás, al menos viene alguien a dar contigo. Si estás rota, te sustituyen. Y se olvidan de ti. 

Y sí, me da miedo.

Me da miedo tu sonrisa. Tu boca. Tu forma de fruncir los labios. Me dan miedo tus ojos cuando me miras. Y cuando miras a otras. Me da miedo que no me elijas a mi teniendo más opciones (y mejores).
Me da miedo aburrirte, que cuando te canses de mi me rompas (más). Me da miedo cómo me agarras por la cintura, tus abrazos. Me da miedo la sonrisa idiota que me sacas con cualquier tontería. Me da miedo asustarte. Me da miedo reírme muy fuerte, con mi risa tan sonora y odiosa. Me das miedo. Me da miedo caer. Me da miedo no ser suficiente. Me da miedo ponerme roja. Me da miedo tener vergüenza. Me da miedo tu forma de tratarme. Me da miedo tu mirada. Me da miedo tenerte cerca. Me das miedo.

jueves, 17 de octubre de 2013

-Hoy he estado con él.
-Sabes que eso no es bueno.
-¿Quién lo dice? Me siento viva cuando estamos juntos. Me siento realmente viva. 
-Pero, ¿te gusta como ver una puesta de sol o como quitarte los tacones después de una noche de fiesta?
-Es… como respirar. Quiero decir que no me gusta; es una necesidad. 

miércoles, 16 de octubre de 2013

+ Te quiero, cielo. - Yo también, princesa.


Estamos como siempre, ella y yo en la camilla del hospital. Todas las tardes des de que ingresó, a las cinco y media de la tarde, la voy a ver. No puedo pasar un día sin ella. Ya no sé que decirle para que pare de tener esa distorsión en la mirada. Ya lleva en el hospital unos tres meses. Anoréxia e intento de suicidio. Y pensar que yo le prometí que la iba a proteger. Que no dejaría que le pasase nada, absolutamente nada. Que le dije que la cuidaría y la mimaría. Que una princesa se merece eso y más. Y mirála. Rota; tanto por fuera como por dentro. Cicatrices; tanto por fuera como por dentro. El verla así me duele, el dolor me cala dentro, hasta lo más profundo de mi corazón. Suerte que llegue a tiempo a casa y antes de que muriera desangrada la pude llevar al hospital. Y tras estar una semana en la UVI y otra bajo observación, ya podía decir firmemente que estaba fuera de peligro. Fueron dos semanas de extrema angustia, donde yo, no paraba de besarla y abrazarla; por que nunca sabes cuando puede ser la última vez.Ella es preciosa, no os lo podéis imaginar. Y todo empezó por un puto niñato que no tenía otra cosa que hacer que meterse con mi pequeña.
+ Piensa; ¿vale la pena seguir viviendo? Ya te lo digo yo: no.-sus ojos brillan, están húmedos.- 
-Puede ser, pero la muerte es la vía fácil y tu de cobarde no tienes nada.
+ Ya no estoy tan segura... ¿No me ves? ¡Mira mi cuerpo! ¡Mira mi puto cuerpo, joder! Nunca seré perfecta...
- ¿Y para que serlo? ¿Para que ser perfecta? ¿Acaso yo por que seas perfecta te voy a querer más? No. Te voy a contar un secreto que una vez mi abuelo me lo dijo. Pero me tienes que prometer que no se lo dirás a nadie, confío en ti.
+ Te lo prometo. Sabes que lo que digo, lo cumplo.
- Pues mi abuelo, me dijo un día, que las personas perfectas no existen. Que tan sólo existen las personas perfectas para otras, ¿me entiendes? Tu eres perfecta. Pero perfecta para mí. No puedo dejar que te vallas de mi lado, tendría que estar loco para hacerlo, ¿no crees? Sólo quiero que te veas con mis ojos, por un segundo y no volverás a sentir un sólo complejo; ni por tu físico ni tu aspecto. Quiero que seas la misma que hace tres meses y cinco días, eras. Tu sonrisa no estaba apagada, como ahora. Tu sonrisa iluminaba a diestro y siniestro; me incluyo. Por favor, vuelve a ser la que eras. La que veía el vaso medio lleno y la que sacaba el aspecto positivo a todo. La que me daba esos besos con sabor a Nesquik por las mañanas y la que se miraba al espejo diciéndose a si misma: me voy a comer el mundo. Siempre que hacías eso, yo pensaba: tranquila, que de comerte a ti, ya me encargo yo. Y pensar que ahora no comes nada. Ni si quiera me comes a mi, a besos. Por favor, vuelve. Saldremos de esto juntos, pero necesito tu ayuda. Solo no puedo. - mientras des de mis ojos, salían todas las lágrimas que había intentado ocultar des del principio. Y no cesaban.
+ Lo siento.
- ¿Por qué?
+ Mírate. Lloras. Yo prometí hacerte feliz como la que más. Y no lo eres.
- Sonríe y yo seré feliz. Recuperate y yo seré feliz. Besame y yo, seré feliz.
+ Por ti. Sólo por ti y sólo junto a ti lo podré hacer. No me abandones.
- Nunca lo he hecho y nunca lo haré. ¿Recuerdas? Para las buenas y para las malas.
+ Te quiero, cielo.
- Yo también, princesa. 

domingo, 13 de octubre de 2013

El quizá ni te recuerde mientras tu perderás el tiempo pensando en él.

Sigues con tu vida porque es lo que toca, porque no hay más remedio..pero llega el día en que ves con tus propios ojos que él ha sido capaz de seguir con su vida. Ves como alguien que no eres tú que le está haciendo reír, ver que ya te ha superado y que no te necesita. Y por mucho que siempre digamos que somos felices si la persona que quieres lo es aunque no sea contigo, jode igual. Jode muchísimo. Lo observas detenidamente y te das cuenta de que casi habías olvidado como era la forma de su sonrisa. E inconscientemente cierras los ojos queriendo que esa imagen suya desaparezca y al mismo tiempo dejas ir todo el aire de tus pulmones. Y ni siquiera te habías dado cuenta de que habías dejado de respirar al verlo, como tampoco te habías fijado en como ha aumentado el ritmo de los latidos de tu corazón. Pensabas..pensabas que al verle, él no tendría aun ese efecto en ti y..estabas tan equivocada. Es tan grande el mundo y lo cabrón que es a veces que te obliga a encontrarte con fantasmas del pasado. Notas algo húmedo en la mejilla y acercas tu mano porque automáticamente las lágrimas han salido solas, y es justo ahí donde descubres que su recuerdo aun duele, que te importa, que le quieres..¿y él? El quizá ni te recuerde mientras tu perderás el tiempo pensando en él, en que vuelva..pero eso nunca pasa.