¿Sabes ése sentimiento de impotencia? Hay algo que te dice que nada harás bien, que vas a fallar y a decepcionar a todos. Siempre está ahí. La mente grita, el corazón se para. Es cuestión de actitud, dicen, pero no saben la inseguridad que hay aquí dentro, el sufrimiento diario, la tortura tan grande que me invade por las noches y me perturba. Solo fracaso. Te sientes mal, me siento mal. No voy para delante ni para atrás, solo me hundo. Cada vez me siento más hundida y sola. Todo se hace cada vez más oscuro. Siento que día a día caigo cada vez más y no puedo encontrar el fondo. Cada palabra que digo, cada mierda que me mando. Cada vez que hago algo, está mal. O por lo menos para ti, para ellos, para ellas es así. Nunca voy a ser suficiente para nadie. Nunca voy a llegar, ni siquiera acércame a lo que solemos llamar perfección. Me asusta conocer personas, no sé si es eso lo que me asusta, creo que en realidad es el hecho de que tarde o temprano, casi siempre temprano, las personas se terminan alejando. Y sé que el maldito problema soy yo, no sé qué es lo que está mal en mí, pero llego a darme cuenta que siempre fui, soy y voy a seguir siento yo el problema. Mi vida es un problema. Mi cabeza es un problema. Mi mente es el problema. Las voces son las que lo causan. Sí esas malditas voces internas. Esas a las que aunque quiera y ponga toda la voluntad para poder callarlas son más fuerte que yo. Estoy harta de sentirme así, es horrible, desgarrador. Cierro los ojos y lo único que siento es dolor, oscuridad, dolor y más dolor. Estoy vacía. No hay una puta mierda en mí. No hay emoción, no hay sentimiento, no hay nada de nada. Aunque si me pongo a pensar puede que sí, puede que tú poco a poco vas consiguiendo esa esperanza en mí. Puede que de a poco mis ganas de vivir vuelvan a surgir. Quién dice, las cosas con el tiempo pueden ir cambiando, yo puedo ir cambiando. No prometo nada, pero intentarlo no cuesta nada. Puede que esta vez lo logré, no importa que las veces anteriores haya fallado, que no lo haya logrado. Siempre hay una primera vez.
Que ella no quería consejos de nadie, que lo que necesitaba era uno de esos abrazos que te hacen olvidar toda la mierda que te rodea.
Seguidores
domingo, 29 de septiembre de 2013
viernes, 27 de septiembre de 2013
Cuéntame, dime quién te ha colgado el mar de las pestañas
Pequeña,oye, no llores. Escucha todo lo que dice tu corazón. ¿Qué dice? pues que te tranquilices.
Que recuerdes cada cosa buena. Olvida las discusiones... oye, no es una broma, escucha. Solo quiere a quien te quiere. Todo irá bien entonces. Abraza a quien te abraza, y besa a quien te bese.
Escucha, no te rindas. Aunque cada golpecito se haya echo un gran golpe. No te rindas. Sigue.
De que sirve hacerte sentir mal... si al fin y al cabo solo hace que se compliquen las cosas.
Si la persona a la que quieres te hace sentirte estupendamente bien cuando estéis juntos, ¿qué haces que no estás feliz? si es la que te da la fuerza que necesitas para levantarte... es aquella que con una caricia hace que tu cuerpo se encienda. Yo no lo entiendo. ¿Qué haces que no te sientes bien? si al fin y al cabo estas deseando dejar todo cogerle, e iros. Lejos. Donde la vejez no os alcance.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Había acumulado todos esos sentimientos hasta que llegó un punto en el que salieron de mis labios sin pensarlo.
Le mira a los ojos. Y entonces, empieza a llorar. Le tiemblan las manos, y la cabeza empieza a darle vueltas. No sabe qué mierda está haciendo. No debe ni quiere que la vea derramar esas lágrimas, pero quizás ya es tarde. Demasiado tarde. No ha podido evitarlo...
+ ¿Qué te pasa? ¿Por qué empiezas a llorar así, tan de repente?
- No me pasa nada...
+ Venga, no seas idiota. No soy tan tonto como para creerme que lloras sin ningún motivo. Sabes que puedes confiar en mí, cuéntamelo. Eso te ayudará.
- ¿Cómo puede ayudarme decirte que veo tu rostro cada vez que cierro los ojos, o que me despierto y lloro cuando no estás? ¿Que los recuerdos no se quedan en el pasado, que son tan fuertes que ya no puedo separarlos de la realidad? Dime... ¿Cómo puedo decirte que ni mil medicamentos podrán cicatrizar las heridas que dejaste en mi corazón? ¿Que eres como la peor droga que existe en este mundo, que dependo de ti? ¿Cómo me puede ayudar saber que el amor es un juego que escondas dónde te escondas siempre te va a encontrar? ¿Que todas las noches extiendo mis manos buscando a través de mis sábanas arrugadas algo que nunca van a encontrar? ¿Que me duele el corazón cada vez que caen flácidas y vacías sobre la cama, esa cama en la que faltas tú, eh? ¡¿CÓMO PUEDO DECIRTE QUE TE QUIERO, JODER?!
Mi corazón dio un fuerte latido y supe que nunca tendría que haber dejado escapar esas palabras. Pero volvía a ser tarde. Había acumulado todos esos sentimientos hasta que llegó un punto en el que salieron de mis labios sin pensarlo. No me di cuenta de que se había acercado a mí hasta que sentí unas manos cálidas sobre mis mejillas, y supe que eran las suyas. Me estaba secando las lágrimas, y no me lo podría creer...
+ ¿Por qué nunca fui capaz de darme cuenta de algo tan obvio?
- Tal vez porque estabas detrás de la persona equivocada.
+ Y no sabes cuánto me arrepiento.
+ ¿Qué te pasa? ¿Por qué empiezas a llorar así, tan de repente?
- No me pasa nada...
+ Venga, no seas idiota. No soy tan tonto como para creerme que lloras sin ningún motivo. Sabes que puedes confiar en mí, cuéntamelo. Eso te ayudará.
- ¿Cómo puede ayudarme decirte que veo tu rostro cada vez que cierro los ojos, o que me despierto y lloro cuando no estás? ¿Que los recuerdos no se quedan en el pasado, que son tan fuertes que ya no puedo separarlos de la realidad? Dime... ¿Cómo puedo decirte que ni mil medicamentos podrán cicatrizar las heridas que dejaste en mi corazón? ¿Que eres como la peor droga que existe en este mundo, que dependo de ti? ¿Cómo me puede ayudar saber que el amor es un juego que escondas dónde te escondas siempre te va a encontrar? ¿Que todas las noches extiendo mis manos buscando a través de mis sábanas arrugadas algo que nunca van a encontrar? ¿Que me duele el corazón cada vez que caen flácidas y vacías sobre la cama, esa cama en la que faltas tú, eh? ¡¿CÓMO PUEDO DECIRTE QUE TE QUIERO, JODER?!
Mi corazón dio un fuerte latido y supe que nunca tendría que haber dejado escapar esas palabras. Pero volvía a ser tarde. Había acumulado todos esos sentimientos hasta que llegó un punto en el que salieron de mis labios sin pensarlo. No me di cuenta de que se había acercado a mí hasta que sentí unas manos cálidas sobre mis mejillas, y supe que eran las suyas. Me estaba secando las lágrimas, y no me lo podría creer...
+ ¿Por qué nunca fui capaz de darme cuenta de algo tan obvio?
- Tal vez porque estabas detrás de la persona equivocada.
+ Y no sabes cuánto me arrepiento.
La gilipollas que pararía una bala por quién está detrás del gatillo.
Que no iba a llorar, decían. "Quiérele, que no duele". ¿Que no duele? ¿Y si no duele, qué es esta mierda que me pasa? ¿Es normal llorarle cada noche a la almohada? ¿Es normal llegar a casa y tirarte en la cama porque no tienes ganas de nada? O sonreír sin ganas. O no querer recordar. Porque duele. Joder si duele.
Llegó, pisó, y se fue. Pero se olvidó de borrar las huellas. Y no le importó que yo llorara. No le importa ahora. No le importa que extrañe sus besos por el cuello, ni que anhele esa sonrisa en mitad del beso. No le importa el escalofrío que me recorre la columna cuando recuerdo ese último "no te vayas". Ya no.
Pero lo peor de todo es que no lo he perdido. Lo peor de todo es que ha desaparecido. Pero no como esos magos de los dibujos animados que desaparecen tras un chasquido de dedos, no. Ojalá fuera así. Quizás no dolería tanto. Pero aquí estoy, esperando a que dispare. Aquí está la gilipollas que pararía una bala por quién está detrás del gatillo.
Llegó, pisó, y se fue. Pero se olvidó de borrar las huellas. Y no le importó que yo llorara. No le importa ahora. No le importa que extrañe sus besos por el cuello, ni que anhele esa sonrisa en mitad del beso. No le importa el escalofrío que me recorre la columna cuando recuerdo ese último "no te vayas". Ya no.
Pero lo peor de todo es que no lo he perdido. Lo peor de todo es que ha desaparecido. Pero no como esos magos de los dibujos animados que desaparecen tras un chasquido de dedos, no. Ojalá fuera así. Quizás no dolería tanto. Pero aquí estoy, esperando a que dispare. Aquí está la gilipollas que pararía una bala por quién está detrás del gatillo.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
Aún quedan heridas abiertas que sangran. Es difícil seguir en insistir. A veces pienso que deliro o que todo esto es una pesadilla que pronto acabará. Ojalá pudiera dejar esta maldita obsesión que me consume, que carcome. Se me olvidó olvidar. Quiero ser feliz, ir con una sonrisa en el rostro como la multitud por la ciudad. Quiero ser alguien en la vida, alguien con esperanzas, alguien sano, que esté conforme consigo misma. No sé cómo hacerlo, no sé quererme. Pero si sé quererte, lo sé muy bien, solo que ya no te importa o quizás nunca te importé. A veces o la mayor parte del tiempo te pienso pero ¿sabes qué es lo que pienso? solo pienso que me usaste, me siento usada. Me siento inútil. También siento envidia de como la quieres a ella ¿por qué nunca me diste la oportunidad? creo que sé saber la respuesta. No soy suficiente, no lo soy para nada ni nadie, y está más que claro que mucho menos para ti. Sí, lo sé no soy una persona perfecta, todo lo contrario puedo ser perfectamente imperfecta. Puede que todo me salga mal. Puede que no sepa demostrar lo que siento. Puede que también tenga miedo, pero de lo que sí estoy segura es que yo por ti lo daba o doy todo y es lo que me hace sentir todavía más estúpida porque ¿tu por mí das algo? no lo creo. Prometiste ayudarme, estar ahí cuando te necesitara, no cumpliste. Nunca cumples. Siempre le fallas a las personas que más te aprecian, a las que siempre estuvieron en las buenas pero mucho más en las malas. A veces, siento que no sabes diferenciar lo bueno de lo malo y créeme que no lo digo por mí sino por otras cosas o mejor dicho por los demás. Me siento estúpida, realmente estúpida por enamorarme de ti. Perdí muchas oportunidades por estar pensándote todo el tiempo cuando tu no pensabas ni un segundo en mí. Siempre me confundiste, nunca supe si era algo más o solo era un "me da igual". Por lo que noto siempre fue un "me da igual". ¿Lo qué más me duele? que no hay persona a la cual no le haya hablado de ti, a la cual no le haya dicho tu nombre con esa pizca de amor y odio porque sí, te amo pero al mismo tiempo te odio o tal vez me odio a mí, por amarte (sé que ya no es querer, sé que lo que siento por ti superó el querer) de esta manera, por no saber valorarme ni en lo más mínimo. Por querer llegar a ti de alguna manera y que no me importe si me causa dolor o daño a mí misma. Sé que si te tengo conmigo cualquiera sea el dolor, daño o angustia que tenga se va a ir. ¿Será esa alguna de las razones por la cual te quiero? ¿será porque hablar contigo me da paz, tranquilidad? esa de la cual aunque busque en millones de lugares, personas o cosas solo la encuentro en vos. ¿Será porque me das esas ganas de vivir? o tan solo ¿será porque con vos mis sonrisas, mis risas son realmente verdaderas? ¿será porque contigo no tengo que fingir? ¿será que aunque tenga que admitir que eres el mismo imbécil que todos los demás yo te veo de manera especial? o será por qué solo soy una maldita masoquista de mierda que le gusta pensar, estar, admirar, encapricharse por lo imposible. Quiero pensar que es lo último, pero sé que no es así, sé que solo es ese puto sentimiento que nadie puede controlar, ese por el cual una persona hace estupideces y locuras por una persona. Ese que te hace olvidar por completo, justamente, de olvidar. Ese al que todos solemos llamar "amor".
¿Qué pasa con mi corazón?
De pensarte sin quererlo, de quererte sin pensarlo. De que la necesidad de tenerte y tocarte lo supere todo. Por eso de que, cuando estoy contigo, no me importa nada; nadie más. Eso de no sacarte de mis pensamientos, de pensarte a cada rato. Por asentarte en mi cabeza, o tal vez en cualquier parte de mí. En mis ojos, que no necesitan más que verte. Mis labios, que no necesitan más que besarte. Y mis manos, que pronto se han acostumbrado a tu piel. ¿Mis piernas? Ya sólo quieren entrelazarse con las tuyas. ¿Y mis oídos? Buscan escucharte a cada instante. Escucharte, ver tus dedos sobre esas cuerdas; cuerdas que me ataron. A ti. Y esa voz que no me deja libre ni un segundo. ¿Qué pasa con mi corazón? Que ahora, no es capaz de latir, por nadie que no sea por ti.
Si te comparamos con alguna droga, tú eres mucho más adictivo.
-Tía, creo que he vuelto a caer...
+¿Qué? ¡Dijiste que lo habías olvidado!
-Ayer lo vi.
+¿Y?
-Me sonrió.
- ¿Qué te ocurre?
+ Nada, solo que hoy es uno de esos días en los que no te apetece mirar hacia delante, y solo quieres mirar hacia otro lado.
- ¿Por qué piensas así?
+ Digamos que me desperté así.
- No debería de serlo, hay que mirar lo positivo de la vida.
+ ¿Sabes?, ¡tienes razón!, hoy voy a mirar hacia delante, voy a ver la fuerza con la que brilla el sol, voy a ver el resplandor del arco iris tras una gran llovizna, voy a sentir como el viento toca mi pelo, voy a vivir como si cada día fuera el ultimo, pero hay una cosa que no me puede faltar...
- ¿El qué?
+ Que tú, y solo tú estés a mi lado hoy, mañana y siempre.
martes, 24 de septiembre de 2013
Lágrimas. Pequeñas gotas caen por sus finas y delicadas mejillas. Una tras otra. Acompasadas.
Un sinfín de lágrimas resbala desde sus ojos hasta su barbilla, donde se pierden por su cuello. Esas gotas de agua salada llevan dolor, recuerdos, nostalgia, promesas rotas que no llegaron a cumplirse... Todo eso cae en esas pequeñas lágrimas. Siempre se lo había guardado todo para ella, muriendo por dentro con cada cosa que se callaba. Ahogándose en su propia soledad. Hiriéndose a sí misma por dentro. Hasta ahora. Ha explotado. No ha podido más con todo y, después de tanto tiempo, ha dejado que sus ojos se convirtieran en Venecia.
Un sinfín de lágrimas resbala desde sus ojos hasta su barbilla, donde se pierden por su cuello. Esas gotas de agua salada llevan dolor, recuerdos, nostalgia, promesas rotas que no llegaron a cumplirse... Todo eso cae en esas pequeñas lágrimas. Siempre se lo había guardado todo para ella, muriendo por dentro con cada cosa que se callaba. Ahogándose en su propia soledad. Hiriéndose a sí misma por dentro. Hasta ahora. Ha explotado. No ha podido más con todo y, después de tanto tiempo, ha dejado que sus ojos se convirtieran en Venecia.
¿Qué es de mí, sin ti?
No sabes lo duro que es tener que vivir sin ti. Salir a la calle y que todo me recuerde a ti. Acordarme, también, de que ya no estás. Y notar tu ausencia como quien nota la lluvia caer sobre su cuerpo, empapando su ropa, en un precioso día gris de tormenta.
Pasar delante de aquel lago y pensar en todas las tardes que nos tiramos en las pequeñas barcas azules en las que solíamos perdernos entre el agua. Andar por nuestro parque y recordar aquellos besos robados cuando nos tumbábamos en el césped recién cortado. Aspirar el agradable olor del tabaco y anhelar el sabor de humo de tus jugosos labios. Ver el atardecer y desear volver a vivir todas esas tardes en mi tejado, viendo como el sol bailaba lentamente por el cielo, hasta dejar paso en la pista de baile a la luna, con su precioso vestido blanco amarillento. Mirar el mar y ver tus ojos azules, con matices verdes, entre el agua. Recordarte cada vez que sopla el viento y me estremezco, como si me acariciara, como si fueras tú. Despertarme con los rayos de sol que se filtran a través de mi ventana y no con los rayos que calidez que contenía tu mirada.
Y no poder más. No poder soportar que todo me recuerde a ti. No poder soportar esta opresión en el pecho.
No te echo de menos, echo de menos todo lo que vivimos.
Echo de menos todo lo que no pudimos llegar a ser.
Tu y yo
podríamos haber llegado a ser
más que tu y yo,
pero solo fuimos
tu y yo.
(Nunca queda tiempo para un 'nosotros'.)
El joven de cuento que me hacía feliz.
Había una vez, un joven que con sus mágicos dedos creaba notas
especiales, que encandilaban a cualquiera; con su voz, evadía del mundo;
y con sus caricias, hacía volar. Tenía la capacidad de hacer ver más
allá de un par de ojos marrones, o una boca que provocaba demasiado. Con
una insistencia agradable hacía sonreír, y, sin ningún tipo de
esfuerzo, conseguía hacer la persona más feliz del mundo a quien tenía a
su lado. A quien le hacía sentir bien. Era yo la que estaba a tu lado.
Eras tú, el joven de cuento que me hacía feliz.
¿Es que no la ves? ¿No ves como agacha la cabeza cuando alguien habla de
ti? No, no la ves tronco. No la has visto llorar todas esas noches. No
tienes ni puta idea de las horas que ha malgastado pensando en qué hizo
mal. Pero la culpa no es de ella tío. La culpa es tuya. Porque tampoco
veías como te miraba cuando estabais juntos, no oías como le temblaba la
voz cuando te decía que te quería. Tenía miedo ¿sabes? Miedo a que le
hicieras daño. Porque no te das cuenta de que todo el mundo decía que tú
eras un hijo de puta más, y ella repetía una y otra vez que no, que
eras diferente. Y acabó pegándose la hostia de su vida.
Todos hemos creído que habíamos olvidado a alguna persona, hasta que en
algún momento de algún día, llega alguien que con un simple comentario,
hace que todas tus heridas, aparentemente curadas, se abran y te
sangren. Y en unos segundos, un puto comentario te ha devuelto a ese
lugar, a ese día, a ese preciso instante donde empezaste a hablar con
esa persona que de ser nada, se convirtió en tu todo. Pero, un día, todo
cambió. Algo se torció. Así sin más, todo era diferente. Y sabes que
nunca va a ser lo mismo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









