Había una vez, un joven que con sus mágicos dedos creaba notas
especiales, que encandilaban a cualquiera; con su voz, evadía del mundo;
y con sus caricias, hacía volar. Tenía la capacidad de hacer ver más
allá de un par de ojos marrones, o una boca que provocaba demasiado. Con
una insistencia agradable hacía sonreír, y, sin ningún tipo de
esfuerzo, conseguía hacer la persona más feliz del mundo a quien tenía a
su lado. A quien le hacía sentir bien. Era yo la que estaba a tu lado.
Eras tú, el joven de cuento que me hacía feliz.

No hay comentarios:
Publicar un comentario