Y te plantas a ciertas alturas de la vida y te preguntas qué clase de camino es el que debes seguir.
Te quedas parada. Pensando. Y mientras tanto, vas consumiéndote.
Coges un cigarro, lo enciendes, lo fumas, lo apagas.
Y vuelta a empezar.
Todo sigue como al principio. El humo no ha hecho que tus problemas se vayan. Es más: has perdido siete minutos de tu vida.
Pero ya da igual, porque te van quedando cada vez menos minutos de cordura desde que todos decidieron dejarte vacía al mismo tiempo.
"Dime ahora que te llena, que te lo traigo, porque cada vez veo que te vas consumiendo mas deprisa y yo no puedo perderte tan rápido" me dijeron una vez.

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