Que ella no quería consejos de nadie, que lo que necesitaba era uno de esos abrazos que te hacen olvidar toda la mierda que te rodea.
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lunes, 6 de enero de 2014
No poder evitar al oír tu nombre, sudar hacia dentro, respirar al revés, andar hacia atrás, hablar en otro idioma, llorar de alegría, reír de tristeza, mirar el suelo y pensar 'Me matas por dentro, y sonrío por fuera, eres como la morfina, chico.' Cuando dicen nuestro número, es un fluír de escalofríos cálidos, de pestañeos lentos, sonidos mudos, palabras silenciosas, tropezar y no caer, elevarme, es como caerme hacia arriba, ver a ciegas, morder con la lengua, besar con la mirada y lamer con los dientes. Cuando paso por ese banco, como que en mi tripa nacen murciélagos, ya no mariposas; que cruzo los semáforos en rojo, ya no me quedo esperando por si apareces tú en la acera de enfrente y me sonríes; sueño despierta, despierto dormida, fumo alegre y bromeo triste. Es todo tu culpa. Me descolocas. Me haces ir al revés, coño.
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